Enamórate de mi. No te prometo días perfectos ni la eternidad. Te voy a hacer enfadar, hasta vas a querer matarme de vez en cuando. Pero te aseguro que te voy a querer siempre y te voy a enamorar cada día, con mis incontables defectos, cursilerías y locuras momentáneas.
► Play. a la diversión ▌▌Pause. en el amor ■ STOP. A LAS DESILUSIONES ツ !
Conquistas mi espacio sin invadirlo.
jueves, 29 de marzo de 2018
jueves, 22 de marzo de 2018
El alma en los labios
A lo que Caperucita Roja respondió...
Me quedé con el lobo feroz, porque él sólo tenía ojos para mí...
No sólo me oía, él realmente me escuchaba, aquél lobo besaba mejor que cualquier príncipe...
jueves, 15 de marzo de 2018
Mi granero se ha quemado, ahora puedo ver la luna
"Ama tu jodida vida. Toma fotos de todo. Di a las personas lo que sientes por ellas. Habla con extraños. Viaja. Haz cosas que te dé miedo hacer. Y si alguien dice algo, ¡qué se joda! Al final estaremos muertos y nadie recordará lo que hicimos. Así que toma tu vida y conviértela en la mejor historia de este jodido mundo. No la desperdicies".
jueves, 8 de marzo de 2018
Zanoubah
Enamórate de una mujer humilde y que no aparente lo que no es. Que se acueste sin maquillaje y se levante al natural, sin ningún tipo de vergüenza. Que sea inteligente, luchadora y trabajadora, que te ayude a ser la mejor versión de ti.
Enamórate de esa mujer que todo lo quiera hacer contigo y que en ti lo encuentre todo, de esa que no te exige ni la contraseña del teléfono pero si te exige que des lo mejor de ti.
Enamórate de esa "loca" que te haga reír aunque estén en un sitio público y no le importe los demás.
Enamórate de la mujer que quiera verte progresar y te ayude a conseguirlo, que te cuide, te respete, pero lo más importante, que te apoye en tus decisiones y te ayude a ser un excelente hombre en la vida.
Enamórate de esa mujer que confíe a ojos cerrados en ti, esas son las que valen de verdad.
jueves, 1 de marzo de 2018
No juzgues
Arrojado un náufrago en la orilla, se durmió de agotamiento; pero no tardó en despertarse, y al ver al mar, le recriminó por seducir a los hombres con su apariencia tranquila para luego, una vez que los ha embarcado sobre sus aguas, enfurecerse y hacerles perecer.
Tomó el mar la forma de una mujer y le dijo: No es a mí sino a los vientos a quienes debes dirigir tus reproches, amigo mío; porque yo soy tal como me ves ahora! y son los vientos los que, lanzándose sobre mí de repente, me encrespan y enfurecen.
Nunca hagamos responsable de una injusticia a su ejecutor cuando actúa por orden de otros, sino a quienes tienen autoridad sobre él.
jueves, 22 de febrero de 2018
Historia de Eliseo
No había nada que Eliseo deseara con más intensidad que ese muñeco de madera de brazos livianos; parecía tener la habilidad de volar, porque sus brazos rozaban el aire con una elegancia que el niño sentía que en cualquier momento podría encontrarlo flotando en el aire como un barrilete.
Cada tarde pasaba por la juguetería, lo miraba desde la cristalera y observaba su precio.
Nunca había visto tanto dinero junto.
Sabía que jamás podría tenerlo. Sin embargo, apoyaba la nariz contra el cristal , miraba sus ojos y esos brazos y volaba por un ratito.
Una tarde, el dueño de la juguetería se le acercó y le preguntó por qué siempre se quedaba ahí, inmóvil.
El chico sintió tanta vergüenza que se fue corriendo.
Durante unas semanas, aunque sentía profundos deseos de hacerlo, no apareció por esa calle.
Cuando finalmente ya no pudo más con sus deseos de ver al muñeco, fue al escaparate cauteloso, intentando que nadie lo viera.
El muñeco de madera no estaba. Se quedó un rato, observando cada esquina del escaparate, anhelando encontrárselo en una esquina sin poder calmar esa tristeza.
Durante toda la semana fue hasta la juguetería.
La ida desde su casa era amarilla, iluminada por la esperanza de encontrarse con su amiguito; pero la vuelta era de un gris oscuro intenso, ya no volaba su imaginación, solamente sentía tristeza y desánimo.
Pasó el tiempo y lentamente Eliseo fue olvidándose de esa extraña fascinación.
Muchos años más tarde, pasaba por casualidad por la juguetería, a cuyo escaparate ya no iban sus ojos, y al rodear la esquina descubrió que apoyado en el cristal había un niño que observaba intensamente un muñeco de madera idéntico al que amara en su infancia.
Entró, saludó al juguetero y compró el juguete. Al salir, el niño había desaparecido.
Lo buscó durante días, deseando darle ese juguete, hasta que finalmente desistió.
Una tarde, al volver del trabajo, sus ojos se toparon con los puntos negros del muñeco de madera; lo miraba profundamente y lograba llegar a un sitio de su ser al que ni siquiera él se atrevía a mirar: un sitio donde volar era posible y a donde sólo esas manos de madera podían llevarlo.
jueves, 15 de febrero de 2018
Esperar y mirar
Una vez un pequeño niño fue a la escuela.
Era muy pequeñito y la escuela muy grande.
Pero cuando el pequeño niño descubrió que podía ir a su clase con sólo entrar por la puerta del frente, se sintió feliz.
Una mañana, estando el pequeño niño en la escuela, su maestra dijo: Hoy vamos a hacer un dibujo.
Qué bueno pensó el niño, a él le gustaba mucho dibujar, él podía hacer muchas cosas: leones y tigres, gallinas y vacas, trenes y botes. Sacó su caja de colores y comenzó a dibujar.
Pero la maestra dijo: Esperen, no es hora de empezar, y ella esperó a que todos estuvieran preparados.
Ahora, dijo la maestra, vamos a dibujar flores. Qué bueno, pensó el niño, me gusta mucho dibujar flores, y empezó a dibujar preciosas flores con sus colores.
Pero la maestra dijo: Esperen, yo les enseñaré cómo, y dibujó una flor roja con un tallo verde.
El pequeño miró la flor de la maestra y después miró la suya, a él le gustaba más su flor que la de la maestra, pero no dijo nada y comenzó a dibujar una flor roja con un tallo verde igual a la de su maestra.
Otro día cuando el pequeño niño entraba a su clase, la maestra dijo: Hoy vamos a hacer algo con barro.
¡Qué bueno! pensó el niño, me gusta mucho el barro.
Él podía hacer muchas cosas con el barro: serpientes y elefantes, ratones y muñecos, camiones y carros y comenzó a estirar su bola de barro.
Pero la maestra dijo: Esperen, no es hora de comenzar y luego esperó a que todos estuvieran preparados.
Ahora, dijo la maestra, vamos a moldear un plato.
¡Qué bueno! pensó el niño. A mí me gusta mucho hacer platos y comenzó a construir platos de distintas formas y tamaños.
Pero la maestra dijo: Esperen, yo les enseñaré cómo y ella les enseñó a todos cómo hacer un profundo plato.
Aquí tienen, dijo la maestra, ahora pueden comenzar.
El pequeño niño miró el plato de la maestra y después miró el suyo.
A él le gustaba más su plato, pero no dijo nada y comenzó a hacer uno igual al de su maestra.
Y muy pronto el pequeño niño aprendió a esperar y mirar, a hacer cosas iguales a las de su maestra y dejó de hacer cosas que surgían de sus propias ideas.
Ocurrió que un día, su familia, se mudó a otra casa y el pequeño comenzó a ir a otra escuela.
En su primer día de clase, la maestra dijo: Hoy vamos a hacer un dibujo.
Qué bueno pensó el pequeño niño y esperó que la maestra le dijera qué hacer.
Pero la maestra no dijo nada, sólo caminaba dentro del salón.
Cuando llegó hasta el pequeño niño ella dijo: ¿No quieres empezar tu dibujo?
Sí, dijo el pequeño ¿qué vamos a hacer? No sé hasta que tú no lo hagas, dijo la maestra.
¿Y cómo lo hago? preguntó.
Como tú quieras contestó.
¿Y de cualquier color?
De cualquier color dijo la maestra.
Si todos hacemos el mismo dibujo y usamos los mismos colores, ¿cómo voy a saber cuál es cuál y quién lo hizo?
Yo no sé, dijo el pequeño niño, y comenzó a dibujar una flor roja con el tallo verde.”
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